jueves, 4 de marzo de 2010
Objetos originales, objetos especiales
Hoy voy a hablar de los objetos divergentes.
El otro día tuvimos que llevar a clase objetos originales, que destaquen por alguna razón. Yo me estuve estrujando los sesos para conseguir un buen objeto, pero al final me decanté por dos (ay, indecisa de mí).
El primero era una pajita gigante, de las que se usan para beber.
Es diferente porque mide aproximadamente un metro. Y a mi me encantan.
La primera impresión al encontrarte con un pajita de semejantes dimensiones es "oh, yo quiero una".
Acto seguido te harás con una de esas pajitas, y cuando ya esté en tu poder pensarás "¿Y yo para qué quiero esto?". Y efectivamente, para qué quieres una pajita de un metro de largo, pues para nada. Aunque eso sí, ¿quién no ha querido alguna vez beber sin necesidad de levantarse del sofá y realizar el molesto movimiento de coger el vaso?..... ¿nadie?......¿es sólo cosa mía?....... no me creo nada. A todos nos ha pasado alguna vez. En ese caso, ésta es la pajita que estabas buscando.
También suele ser un uso muy frecuente el de cogerla y creerte que es un sable indestructible y empezar a atacar a todo el mundo creyéndote el rey del mundo con poderes indescriptibles. Pasado el primer minuto (puede que incluso antes) te darás cuenta de que en realidad no es un sable, sino un trocito de plástico.
Este segundo uso es el que yo decidí darle, y desembocó en la muerte irremediable de mi querido objeto divergente (R.I.P. Pajita gigante).
El segundo objeto que llevé es un llavero que me regaló un amigo por mi cumpleaños.
A todos nos encanta explotar las pompas de esos plásticos utilizados para embalar (y quien diga lo contrario miente), pero cuando las pompas se terminan todos experimentamos una sensación de vacío y desasosiego.
Aquí es cuando entra en juego mi llavero, que simula un plástico de burbujas, pero obviamente, las pompas nunca se acaban, si no que son botones.
Puede ser muy útil como objeto antiestrés, aunque a mí personalmente ( y a la gente que está a mi alrededor cuando estoy en plena acción) acaba por estresarme más de lo que ya estaba.

Fue divertido ver los objetos que llevaron mis compañeros, y con esta clase llegué a la conclusión de que la creatividad también se encuentra en los objetos más cotidianos.
El otro día tuvimos que llevar a clase objetos originales, que destaquen por alguna razón. Yo me estuve estrujando los sesos para conseguir un buen objeto, pero al final me decanté por dos (ay, indecisa de mí).
El primero era una pajita gigante, de las que se usan para beber.
Es diferente porque mide aproximadamente un metro. Y a mi me encantan.
La primera impresión al encontrarte con un pajita de semejantes dimensiones es "oh, yo quiero una".
Acto seguido te harás con una de esas pajitas, y cuando ya esté en tu poder pensarás "¿Y yo para qué quiero esto?". Y efectivamente, para qué quieres una pajita de un metro de largo, pues para nada. Aunque eso sí, ¿quién no ha querido alguna vez beber sin necesidad de levantarse del sofá y realizar el molesto movimiento de coger el vaso?..... ¿nadie?......¿es sólo cosa mía?....... no me creo nada. A todos nos ha pasado alguna vez. En ese caso, ésta es la pajita que estabas buscando.
También suele ser un uso muy frecuente el de cogerla y creerte que es un sable indestructible y empezar a atacar a todo el mundo creyéndote el rey del mundo con poderes indescriptibles. Pasado el primer minuto (puede que incluso antes) te darás cuenta de que en realidad no es un sable, sino un trocito de plástico.
Este segundo uso es el que yo decidí darle, y desembocó en la muerte irremediable de mi querido objeto divergente (R.I.P. Pajita gigante).
El segundo objeto que llevé es un llavero que me regaló un amigo por mi cumpleaños.
A todos nos encanta explotar las pompas de esos plásticos utilizados para embalar (y quien diga lo contrario miente), pero cuando las pompas se terminan todos experimentamos una sensación de vacío y desasosiego.
Aquí es cuando entra en juego mi llavero, que simula un plástico de burbujas, pero obviamente, las pompas nunca se acaban, si no que son botones.
Puede ser muy útil como objeto antiestrés, aunque a mí personalmente ( y a la gente que está a mi alrededor cuando estoy en plena acción) acaba por estresarme más de lo que ya estaba.
Fue divertido ver los objetos que llevaron mis compañeros, y con esta clase llegué a la conclusión de que la creatividad también se encuentra en los objetos más cotidianos.

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